07-03-2006 12:04:13 Peleas de enamorados de Andi Watson
Categoria: Cómic
Acabo de tomarme una ración doble de Atiramin. Mi nariz esta seca como el alma de un obispo, pero veo como una neblina en todo y el tiempo fluye a tirones. Es posible que algunas partes no tengan demasiado sentido. Sí. Eh. Peleas de enamorados, de Andi Watson. En inglés, Love Fights, pero el doble sentido –hay que tener en cuenta que es una historia romántica, pero también protagonizada por superhéroes– es imposible de mantener. Es una serie de 12 números publicada aquí en dos tomos. Un tebeo que lleva la palabra enamorados
en la portada, que es por cierto blanca y rosa chicle,
y que en el primer tomo muestara un enorme corazón y la parejita protagonista besándose. Digamos pues que es posible que el verte con estos cómics cause un par de bromas nerviosas, atajadas acaso por el miedo a sonar como el estereotipo cavernícola. Puede que incluso te llamen mariconcete. Te permitirá por tanto un par de miradas de superioridad, una mueca que diga Se puede ser más pueril… pero habría que practicar mucho
, incluso –si y sólo si uno está dotado de un agudo e hiriente sentido del humor– un comentario despectivo que incluya la palabra inseguridad. Sólo por esto el PIG de Peleas de enamorados gana 30 puntos. Claro que si las esperadas bromas no ocurren el único chiste que te queda son los 28 € que Frau Norma nos casca por la serie completa, así que cabe preguntarse si el tebeo en sí vale la pena.
Bueno… no está mal. Pero podría estar mejor.
Mexplico. A su favor tiene varias cosas, y en mi opinión la mejor es el dibujo. Tiene mucha personalidad: en una onda similar a la de Bruce Timm es estilizado, expresivo, con un toque de simplicidad infantil, pero lo justo para ser elegante. Usa un trazo un poco basto, como hecho con ceras blandas o con un pincel medio seco, y texturas similares en los tonos de gris. Es una mezcla bastante inusual, pero atractiva.
Todo está construido a base de líneas simples; pero en vez de quedarse en un estilo que, aunque minimalista, dé una representación más o menos fiel de la realidad, lo lleva más lejos, a un punto en que los trazos mínimos están alejados de la idea que tenemos del objeto y casi se acercan a la abstracción de la figura: el contorno de una forma básica para la cara, un par de puntos para los ojos, sendos trazos para boca y nariz, cuatro rayas para el pelo. De manera similar, los cuerpos son unas cuantas formas estilizadas apenas delimitadas. Esto es necesario en los diseños de los personajes, que por el planteamiento mismo del estilo no pueden tener muchos rasgos distintivos ni una apariencia muy trabajada, pues permite llevar la caracterización a extremos incluso deformes sin causar extrañeza. A fin de cuentas, sin importar que sean gigantones, tengan el torax como un embudo o la cara en forma de D, todos son armazones endebles de pocas líneas que, parece, podrían separarse de un soplido y fundirse con el fondo.
Precisamente en los fondos más complejos que una mancha de color o una textura sencilla se encuentra este estilo con su mayor problema.
Además de la simplificación extrema, se pierde a menudo la perspectiva natural. Los objetos se superponen de una manera poco realista, los distintos elementos no se diferencian bien y queda una especie de mosaico decorativo de formas, líneas y manchas. Es bonito pero poco claro. Cuando hay este tipo de fondos los personajes se confunden con el plano del fondo y se hace difícil de seguir el hilo del tebeo.
Aunque se defiende bien con la vertiente superheroica, son las partes más mundanas las que mejor funcionan: la timidez, las dudas, la extrañeza de los primeros encuentros, la frustración laboral, el desengaño con los amigos, y por encima de todo los celos, en su forma más infantil, insegura y mezquina. Las capas y los taparrabos se introducen como producto de la industria del entretenimiento, un espectáculo al que están acostumbrados los habitantes de la ciudad y que da tanto para cómics como para prensa rosa. El planteamiento recuerda el de Powers. Pero aquí se subrayan los aspectos más coloridos del género, los más estrafalarios y, a menudo, ridículos. Guardar la distancia y ser un poco cínico no es problema, sobre todo cuando se usa como trasfondo para una historia principal de tono personal y menos fantástica; pero éste surge cuando se usan dichos elementos (en este caso, una explicación sobre multiversos, realidades alternativas y crisis infinitas en tierras más infinitas aun… o algo) para atar un cabo fundamental, porque desvirtúa el tono de la historia. Las mallas siempre serán una chorrada a poco que uno se pare a pensar, las explicaciones pseudocientíficas simpre serán de risa. Para que funcionen hay que saber mirar hacia otro lado y querer creérselo. Es parte de lo que define al género. En el momento que la premisa es que estos elementos son poco reales o poco serios, se hace muy difícil utilizarlos sin que queden como un pegote. Y es de lo que sufre Love Fights, un final convencional –y, por otro lado, ni original ni demasiado brillante- que no acaba de cuajar con lo que la historia ha sido hasta ese momento.
Me da que un tebeo similar sobre una pareja que trabaja en una fábrica de loza y se queda en paro podría funcionar mucho mejor.

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